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el momento culminante, el del
ofrecimiento... La sangre se derramará entre rezos sobre
la madre tierra y el altar... porque la vida se alimenta
de la vida, y los corazones penderán de las ramas del
manzano sacralizado el entorno. En tanto la pampa bebe...
y acuna sueños para el mañana que convoca la Araucanía.
Poco a poco se entrelazan los sonidos de la pifïlcas, las
trutrucas y cultún, y también los cascabeles de los
pihuichenes, (niños santos),para alegrar en lo alto al
Padre Celeste, y para guiar el pürrún (danzas) y los
taieles de hombres y mujeres. Y porque la danza descifra
laberintos mágicos y porque los pies y el desplazamiento
cadencioso son otro modo de oración, no faltero, con sus
purrufes bailarines ataviados con plumas y sus movimientos
imitando del andar y cabeceo del tero, ni el choique
purrún (danza del chiqué o avestruz), en que los
bailarines emplumados son expresión de esta ave desde que
rompe el huevo hasta que corre libre por los campos. Es
más: no pueden faltar, porque, sin los totémicos tero y
choiques ¿cómo harían los hijos de la patagonia para
vivir?. Desde el principio de los tiempos que recuerdan,
tero y avestruz han sido la fuerza de la razas del sur...
saben que imitando sus ritmos llevan consigo esa fuerza, y
son gratos al Gran Padre Creador... Y se vuelven tero y
choique míticos a traves del baila.
Todos bailan sobre la pampa sacral de pillán, porque el
nguempín hace de maestro de ceremonia y anima a la
partición de hombres y mujeres y los pies marcan los
antiguos ritmos a una y otra vez. Así, ahuín y pürrún se
repetirán desde la salida del sol hasta el ocaso... Y la
última danza como la oscuridad vuelva fantástico los
sonidos de las pifïlcas, el cultrún, los cascabeles y las
trutrucas harán mover a los bailarines y a las mismas
llamas de los fogones una extraña y poderosa danza del
fuego.
Después el nguempín se volverá dueño de la palabra y sus
parlamentos agitarán mentes y corazones bajo las
estrellas... y cuando vengan los breves sueños de las
fiestas seguramente los mapuches sonarán con danzas y
espíritus y taielles y sacrificios...
Sol y Luna caminarán otra vuelta sobre el Pillán Lelfön y
habrá renovado ahuines, runes y ofertorios... y la fé
sencilla de las tribus repetirá sus ritos añejos
consagrados por la tradición.
Y al andar otra vuelta el Sol del tercer día de rogativas,
en la ofrenda dos corderos y un carnero... pero luego la
bendición del muday sobre los animales el carnero será
dejado en libertad para que segure la fecundidad en el
ganado, y la carne y los huesos de los mansos corderos
alimentarán el pillán quitral (fuegos sagrados)...
mientras las clafú malén con un paño azul empujan el fuego
y el humo hacia las alturas para que el cielo conozca el
fervor de este holocausto, y el canto religioso pide a
futa chao acepte el sacrificio de sus criaturas, y todos
deben del muday del nguillantún que ha robustecido la
relación Hombre-Dios...
Ahora la pampa sagrada se abren dos sendas invisibles pero
certeras para guiar a un grupo detrás de pihuichén de la
bandera amarilla, y a otro, detrás del niño santo de la
bandera azul. Los unos plantarán en el cerro alto los
palos como brazos implorando a Dios su bendición sobre la
tierra y sus ganados... Los otros, junto al cacique y con
los corazones del sacrificio, entregarán a las aguas del
menuco que copia el cielo la ofrenda de la vida y milla
kalkín, el espíritu del agua, recibirá en su seno y
asegurará la vida y la fecundidad para los pueblos del sur
bravío.
Cuando se levanten los toldos y se quiten las cañas y
bajen el mástil la bandera azul y blanca, que es como, el
corazón del camaruco como los hombres retornarán a sus
rucas y encenderán la esperanza de nuevos nguillantunes...
Caerán las sobras y pillan de lelfön volverá a su sueño de
los muchos soles y muchas lunas, pero sus arenas guardarán
el latido del gran camaruco, aborigen, y acunarán los ecos
de los taieles y de la antigua oración por el "buen cielo,
buena cosecha, fuerza, hacienda, trabajo, buena y larga
vida..." Sabe que un buen día las nuevas jineteadas y
rumores se instalarán sobre ellas... y todo recomenzará..
Porque el oscuro rincón de la patagonia los mitos y
leyendas no son tales: son la Vida misma... y son fervor y
fé de los hombres que no han obligado las remotas sendas
sagradas del misterio. Porque allí que en el camaruco
están nguechen y el gualicho, la legendaria machi
intercesora, los frutos de la tierra y el trabajo del
hombre, las mágicas piedras, las plantas y animales de
secreto poder, los fuegos del pillán quitral y el agua que
es cielo, la muerte para la vida, la fiesta y sus rumores
humanos y divinos...
Mientras se celebren los ritos la mítica tierra del sur de
América y sus aborígenes seguirán de pie. Serán
invencibles como la Vida... aquella que brotó de las manos
creadoras del divino Futa Chao en la noche de los
tiempos...
¡¡No dejemos que se apaguen sus claras antorchas!!
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