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Al cultrún sagrado loa compaña en los
nguillatunes (rogativas), la también sagrada pifïlca.
Cuenta la leyenda que los valientes mapuches al son de la
pifïlca pudieron rechazar a los poderosos incas
conquistadores. Pero perdieron la pifïlca mágica... y
todavía la buscan. Por eso la reproducen en madera o hueso
y con sus timbres agudos parecen que las llaman en las
rogativas... Especialmente cuando el munday las bendice
con su agua de trigos maduros. ¿Volverán a ser fuertes e
invencibles cuando la encuentren?
En las rogativas rituales los mapuches
acompañan los sonidos sagrados del cultrún y la pifïlca
con los tonos graves de la trutruca . Esta hermana del
erque norteño buscó el sur de la leyenda promisoria para
vivir por sí misma, y tanto se aquerenció que no falta en
el corazón de los nguillatunes.
Calro que un buen pillantún (orquesta
sagrada) se completa con otro noble instrumento como el
cull cull, el cuerno que es pariente del erquencho y que
antiguamente hacia sonar sus graves alarmas en caso de
peligro para la tribu. Y hasta con la wada, la rítmica
sonaja aborígen.
Los músicos mapuches han recibido de sus
hermanos americanos la inspiración e impulso para
transplantar y adaptar formas instrumentales. Por eso
también hacen música con el koolo o violín tehuelche, el
ñolquín hermano menor de la trutruca el quinquercahue o
gran violín araucano hecho con costillas de yeguarizo, el
piloiloi descendiente de los incas que imita en madera o
piedra la mítica flauta de Pan, el trompe con su diminuto
cuerpo de hierro con forma armoniosa lira, o las
cascavillas de sonantes pezuñas de hemul...
Los aborígenes de los confines patagónicos
guardan viva memoria de los orígenes sagrados de la
música, y han representado por siglos mitos y tabúes en la
relación con la ejecución de los instrumentos musicales.
Por ejemplo no pueden tocarse indistintamente o en
cualquier ocasión... y hasta hay claras jerarquía, por
orden social, o sexo, o edad, para ejecución de algunos.
De este modo la machi batirá el parche del pichicultrún...
y las pifilcas estarán a cargo únicamente de acólitos
masculinos. ¡Y hay del trasgresor que no respete las
normas!. Puede pasarle lo que a las indiecitas
desobedientes que, ignorando la prohibición que impide a
los más jóvenes soplar el trompe de coloridos pompones, se
fueron con él a la montaña y lo tocaron despreocupadamente
bajo las barbas mismas de futa chao , el padre grande...
No se dejó esperar el castigo divino. Dicen que un
espíritu maligno las transformó en estatuas de piedra. Y
para memoria de sus hermanos allí están todavía, ¡quietecitasy
fosilizadas en el volcán Epuilche o dos niñas!
Supongamos que por un momento que ahora el
pillantún está completo y muestra su variedades sonidos y
matices orquestales. Los ejecutantes están listos y
ensayan... Sin embargo aún falta el instrumento entre los
instrumentos: la voz humana, el don con el que el hombre
se lanza a la vida con el primer llanto sonoro... En
realidad los instrumentos musicales son sólo el
complemento y realce para el canto aborigen.
Los pueblos del Sur cantan sus taieles
sagrados como invocaciones a sus dioses en las rogativas,
o como invocaciones a su origen en las canciones del
linaje. Pero también cantan a a la vida en el ülcatún
profano, o en los "romanceos" improvisados, o en los de
memoria que preservan lo que fue: patria, historias, amor,
magia, costumbres... para que no mueran con el tiempo y el
olvido en los hermanos dispersos...
Si, la música es algo que las culturas de
la Patagonia aprendieron de currúf. Elëngasen les enseñó a
celebrar el gozo, el ruego o el dolor de vivir, con
sonidos humanos o con instrumentales... Mientras canten no
estarán ni se sentirán solos, mientras repitan las viejas
melodías el hilo sagrado de la raza mantendrá unidas las
generaciones, y mientras hagan música, no habrá ocaso para
los hombres.
Este es el misterio que nos contó anoche el
viento... En uno de sus curruf-tailes...
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