A poco de comenzar la Segunda Guerra Mundial, el alto mando alemán
ordenó a su marina llevar el conflicto a las aguas del Océano
Atlántico, a fin de evitar que llegaran, desde Estados Unidos, armas y
alimentos a Inglaterra y los países que resistían la invasión.
La directiva Nº 1 era muy clara: "La Marina alemana llevara a cabo su
propia actividad bélica contra las unidades mercantes y su principal
objetivo serán los buques ingleses."
Para esa época, Alemania, como consecuencia de las restricciones
impuestas por el Tratado de Versalles, había desarrollado los
acorazados de bolsillo y, entre ellos, el Almirante Graf Spee, que se
encontraba en el Atlántico Meridional en septiembre de 1939, su
comandante era el Capitán de Navío Hans Langsdorff.
Una vez recibida la autorización de iniciar la aventura corsaria,
Langsdorff decidió trasladarse al Atlántico Sur donde podría
interceptar las rutas comerciales
El buque tenía una tripulación compuesta por 44 oficiales y 1.050
suboficiales y marinos. Podía navegar a 26 nudos y tenía una autonomía
de 19.000 millas.
Contaba con dos torres, cada una con tres cañones de 280mm, y un
blindaje de 140mm en la superestructura y partes vitales. El armamento
secundario estaba compuesto por ocho torres de 150mm/cuatro por banda,
además de armamento antiaéreo, seis tubos lanzatorpedos de 533mm y dos
hidroaviones tipo Arado.
A las 13, del 30 de septiembre de 1939, el Graf Spee avistó su primer
buque, el Clement de bandera inglesa. La tripulación fue obligada a
abandonar el barco, no sin que antes radiara su posición, y el mismo
fue hundido.
El Almirantazgo Británico ordenó la salida de unidades de guerra con
el fin de dar caza al corsario. El 5 de octubre el buque alemán hundió
otro barco y en noviembre, en el Océano Indico sumó su cuarto blanco.
Después de efectuar otros hundimientos y recibir reabastecimiento, el
Graf Spee escapó al buque de guerra inglés Altmark, que lo perseguía
desde septiembre.
Pero el 13 de diciembre, cambió su suerte: después de haber barrido
infructuosamente la costa africana, avistó un buque que creyó era un
mercante, pero al acercarse se encontró con el crucero inglés Exeter,
seguido del Achilles y el Ajax.
El acorazado alemán podía enfrentar fácilmente a la formación inglesa,
pues sus cañones principales de 280mm tenían un alcance de 28
kilómetros, mientras que la mayor de las unidades inglesas, el Exeter,
sólo alcanzaba 24 kilómetros. Por eso, la estrategia de Langsdorff
sería mantener alejado al mayor de la formación con los cañones
principales y martillar los otros buques con el armamento secundario.
Al día siguiente, los tres buques ingleses estaban seriamente dañados,
mientras que el Graf Spee continúa intacto. El Exeter se retiró hacia
las Islas Malvinas, mientras los otros dos buques siguieron
combatiendo. Langsdorff debió abandonar la zona a toda máquina y
aprovechar sus cañones para perderse, sin embargo no lo hizo y decidió
entablar batalla nuevamente.
Al caer la noche, Langsdorff revisó el buque y tomó la determinación
de refugiarse en el puerto más cercano para reparar averías. A las
22.13 del 14 de diciembre, el Graf Spee entró en Montevideo.
Fue su perdición, mediante sus espías, los ingleses infiltraron y
engañaron a los alemanes, que creyeron que mantendrían la superioridad
bélica al salir del puerto.
Pero en realidad se encontraba rodeado por destructores, cruceros y un
portaviones. El 16, Langsdorff telegrafió al alto mando: "Bloqueo
nocturno muy estrecho. Ninguna esperanza de poder huir hacia mar
abierto y abrirme camino hacia la patria"
El 17 de diciembre, el Graf Spee abandonó el puerto, después de haber
desembarcado la mayoría de la tripulación. A las 18.15, cuando se
esperaba que combatiera, se estacionó a la vista el puerto y se
produjo una gran explosión, que echó a pique el buque.
Langsdorff había hundido el acorazado para que no cayera en manos
enemigas. Tres días después se suicidó.
por
Juan Jose Flores





