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y se llaman así mismo los "pehuenches" . E incluso como
los hijos suyos buscan para el casamiento la bendición del
mítico pehuén, la que les asegurará una unión buena y
fecunda. Y es forma que lo consiguen... si el primer
encuentro ente los esposos se realiza bajo las ramas
protectoras de la especie sagrada.
Entre todos los pehuénes el Picún Chao del cajón del
manzano es el pino santo por excelencia... ¿Cómo no
homenajearlo y congregarse en trono a él si el milagro lo
ha marcado visiblemente?. Es que una tormenta perdida en
el tiempo del Hachadel temible Pillán araucano, el rayo lo
abatió... pero resurgió de sus cenizas en un retoño
viboroso, símbolo del triunfo de la vida sobre la muerte.
Por eso, en las festividades principales, promesantes de
distintos puntos de la patagonia peregrinan hasta el Picún
Chao y no le dejan su ofrenda incompleto silencio,
respetuosos del portento de este misterio de la
naturaleza.
En memoria colectiva de las comunidades aborígenes vive el
recuerdo de las sacralidad del coíhue, o el alerce... o
del seco y retorcido algarrobo del gualichú. muchos ya han
olvidado los porqué o las causas primera del mito, pero de
generación en generación los patagonienses han cuidado
celosamente la preservación del culto a los árboles y su
presencia mágica.
Para el blanco una planta es... una planta. De ella podrá
obtener utilidades varias, pero seguirá siendo sólo un
vegetal. Para el indio, en cambio, una planta es vida
espiritual también, y le reconocen no sólo usos sino sobre
todo virtudes. Por eso hablarán de plantas divinas,
diabólicas o mágicas... y con cada una trabarán relaciones
especiales.
Los viejos muy viejos han enseñado a los jóvenes a
distinguir a las planta diabólicas como el litre y el
latué en Chile, o el parasitario quintral, el que busca el
trueno, en las laderas y largos cordilleranos de la
argentina austral. A ellas le quemarán como leña para
extirpar al demonio, pero se persignarán al tocarla, y
escaparán del humo maléfico que suele traer erupciones y
conjuntivitis a los incautos. Y si solamente pasarán a su
lado durante un viaje si no deberán olvidar el conjuro:
"-yo soy el litre y tú Juan (dice el indio Juan)" de modo
que el árbol se equivoque y descargue su veneno sobre sí
mismo. Claro que otras culturas de la región son más
expenditivas: prefierne el método directo del azote... y
castigan al maligno con las ramas divinas del maqui, del
natre o del maitén.
Verdaderos especialistas en plantas mágicas son los
dunguves , los adivinos y curanderos del amor, los que
dominan los secretos estimulantes, propiciadores y
afrodisíacos del pailahua, el llaquén o paramel, el
mellico lahuén... y otras plantas hueñan hue para el
deseo. ¿Cómo no recurrir al pailahue si se quiere
recuperar el amor del hombre infiel?. ¿O al nüume lahuén
para obtener el amor? ¿O al latué que anula la
personalidad... con cuidado en no excederse en las dosis
por que la muerte puede llevarse a la persona deseada?.
El conocimiento del reino vegetal no puede descuidar los
usos y peligros de plantas venenosas de probada eficacia
como los hongos, el pichoga, el chamico y el colliguay,
que da modo aprenden la historia de caiquenito distraído,
el que se quedó, en las tierras templadas del norte cuando
su tribu retornaba a los pagos sureños. Dicen que su madre
lo fue a buscar y lo entregó a un genio de la naturaleza
para que le diera el correctivo más eficaz... Y el
indiecito se convirtió en calafate, la planta del fruto
penitente que si se come atrae irresistiblemente al sur.
Y así coinciden la leyenda del origen de la violeta
amarilla o pilún dewu, la creación del Gran Pillán
araucano, que empezó con el otro viviente bello y
resistente de esta flores, el otro oro mineral que
ambicionaba para su ruca divina y que tan generosamente le
entregará Lil, el rico sin alegría...
O la leyenda de la ñaculahuén, la hierba sagrada que cura
las úlceras... y que recuerda el entrañable amor del bravo
Cacique Loncopán y de Pilmaiquén, la enamorada esposa que
diera su vida y sus fuerzas para que Loncopán sanara el
terrible mal que lo llevaba a la muerte...
O la leyenda de la mutisia, o la leyenda del pehuén.. ¡Y
de tantas otras leyendas y mitos! .Los indios de las
tierras patagónicas saben que un mismo hilo sagrado une a
Ngen Lemú, a los árboles sagrados, las plantas mágicas o
diabólicas, o las hierbas medicinales o alucinógenas y a
la flora de leyendas y tradiciones... Y lo preservan y lo
respetan, enseñando a sus descendientes hacerlo también.
Porque en el más austral rincón del planeta la llama
divina no se apagado...
Quizás se deba a que las culturas aborígenes no han echado
al olvido la única gran verdad, el misterio de los
misterios: la Vida. Y la celebran...
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