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Los viejos más viejos entre los araucanos
son los que saben de lo que pasó en los tiempos del
Diluvio, cuando TrenTren, la serpiente mitológica del
agua, para impedir la extinción del género humano, y salió
vencedora... Ellos son los que recitan decenas de leyendas
del ciclo de Elal, donde el mítico héroe-dios, el creador
de los tehuelches, se relaciona con los animales y
organiza la creación poniéndola al servicio del Hombre.
Allí aparecen, fantásticos pero ya con sus cualidades
características, el zorro, el jaguar, el puma, la
serpiente, el piche, el lobo marino, la ballena.
Sus enojos dejan huellas memorables: la
locura y la muerte en el mejor de los casos... y en el
peor: la eterna agonía del huitrán che cura o la
transformación del hombre en piedra... En la topografía
del sur de América hay cientos de rocas con formas
humanoides ante las que el indio tiembla o eleva su
respetuoso homenaje. Son riscos huitrán che, y allí están
sus hermanos de raza purgando la antigua culpa... ¿No son
huitrán che cura las indiecitas del trompe en el volcán
Epuïlche?. ¿Y acaso el Collón Cura (espantajo de piedra)
que también se vuelve invisible a su gusto?. ¿O la piedra
Pintada, idéntica a un cristiano de un metro de estatura?
. ¿O la sagrada piedra azul de Calfucurá, a la que venera
anualmente la gran tribu Namuncurá?
Las piedras encierran misterios poderosos
para el hombre, sea huinca o mapuche, no ha logrado
descifrar. Porque, ¿cómo explicar el caso de la Piedra
Saltona de cajón Chico, allá en la Cordillera del Viento,
que en el blanco y largo invierno del '43 subió sus veinte
toneladas unos cincuenta metros más arriba de su habitual
emplazamiento de siglos, se encaramó sobre el el lomo de
la sierra y allí se detuvo, calzada por una insignificante
piedrecilla?. ¿O el de la Piedra Pesada, que pese a su
tamaño mediano era imposible levantar ni aún por varios
hombres, y que hoy ha desaparecido misteriosamente... o se
ha vuelto invisible, burlándose de todos...? Y como puede
ser que no caiga ladera abajo la gran piedra trapezoidal
del cerro, pese a que la empujan con violencia vientos de
doscientos kilómetros por hora?. Más aún: ¿qué fuerza
operó para formar la gran cruz roja sobre la superficie
granítica de la piedra del Quillén?...¿o para mimetizar el
paisaje alucinante la mítica Ciudad de los Césares?
Los mapuches distinguen entre piedras
diabólicas y piedras santas. No se acercan a la gran
Pillán Cura también llamada Piedra del Diablo, ni a la
Kalkufurá o piedra bruja, porque son asiento del Maligno;
ni pasan entre los bloques de la Piedra Partida porque la
hendidura es obra del Diablo y acarrea desgracias... Sin
embargo desde tierras muy lejanas acuden con fervor a
pedir gracias ante la Piedra Milagrosa de Cochico, o la
Piedra Santa del Arroyo Blanco del tromen, en la región
del Pehuén.
Con sabiduría de siglos las culturas
patagoniénses saben que hay piedras que "caminan"... Sin
importar su tamaño o peso, hoy pueden estar aquí y mañana
a cinco o cincuenta metros... aunque ni ley natural ni
humana puedan explicarlo. Y el indio de ojos viejos lo
acepta sin cuestionamientos, porque ha aprendido que para
el orden sagrado no caben razones de pequeños mortales.
Eso sí, no pisará el rastro que dejó la piedra... porque
puede secarse y volverse polvo, como han contado los que
vivieron cerca, en sus familiares o amigos, el castigo de
la huella prohibida, de la marca que se come la vida...
¿Quién se animará a discutir, ante un
fervor tan puro y tan añejo, la virtud de algunas piedras
mágicas?. ¿Podrá el blanco negar propiedades curativas de
ciertas piedras? ¿Las llancas sagradas del cultrún no
inspiran a la machi en las rogativas?. ¿Acaso con la catán
cura chamánica no sopla el daño y adhiere sabiduría
infinita, y usada en los instrumentos agrícolas no asegura
con su poder sobrenatural buenas cosechas? ¿Las boleadoras
hechas con fragmentos de cherufe (aerolito) no tiene la
virtud de no fallar el tiro en la caza del guanaco y el
avestruz?...
Las piedras que vienen del cielo son las
más poderosas. Tal vez porque las descargó sobre la tierra
el hacha del Pillán, el gran guerrero celeste... Por eso
es sagrado el meteorito de Kaper-Aike, y las esquiarlas y
limaduras de las estrellas caídas son infalibles para la
curación, el rito o la cacería. Ya lo sabían y practicaban
las culturas más viejas de América, y por el gran cordón
cordillerano llegó al sur el conocimiento.
Ente los tehuelches y araucanos cada linaje ha tenido y
tiene su piedra secreta de color distintivo. Con ella la
machi prepara a cada uno el amuleto protector. También con
piedras de uámek fabrica amuletos auspiciosos, zoomorfos,
para asegurar la preservación y fecundación de los ganados
representados en ellos... y amuletos contra el enojo, y de
la piedra se sirve para las prácticas.
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