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¿Quién protege el
patrimonio cultural?
nota extraída de Diario Clarín
www.clarin.com
La voz de la comunidad
La ley 25.743 puso a la luz una
disputa manifiesta por los derechos sobre la memoria de
los pobladores originales que está inscripta en los
objetos arqueológicos y paleontológicos, y esa disputa
va más allá del interés por querer saber o conocer. Hay
sectores que reclaman para sí la propiedad de los
bienes; pero ¿los coleccionistas, tienen derecho a hacer
lo que quieran con las piezas por las que pagaron pero
que constituyen la memoria de una nación? Las
comunidades indígenas reivindican su derecho a la
propiedad y a la decisión sobre el destino de piezas que
tal vez hayan sido forjadas por sus ancestros. Pero,
¿están en condiciones de asegurar el cuidado y la
protección de esas piezas para el uso educativo,
cultural y científico que el resto de los ciudadanos de
este país quiera darles?.
Por último, desde la perspectiva
estatal, las cosas no están muy claras: las quejas
acerca de que el patrimonio cultural de los argentinos
se pierde en una especie de agujero negro cuando
ingresan a la órbita estatal parecen tener su asidero:
libros que desaparecen del tesoro de la Biblioteca
Nacional, obras de arte que se pierden el Museo Nacional
de Bellas Artes y piezas que se esfuman de los espacios
de todo el país suelen ser noticia demasiado a menudo.
¿Entonces?
"Creo que el Estado debe proteger los
sitios arqueológicos por su valor documental —sostiene
Silvia Fajre, Subsecretaria de de Patrimonio Cultural
del gobierno porteño—. Estos sitios y los objetos que se
encuentran en ellos proveen de información siempre
novedosa para releer la historia de modo que es deber
del Estado, y de la comunidad que le da la legitimidad
social de la representación, crear políticas eficaces de
resguardo para no distorsionar ni vaciar el mensaje que
portan estos objetos". Fajre advierte, sin embargo,
sobre las dificultades de una tarea semejante y trae una
nueva pregunta a la discusión: ¿a qué llamamos, en cada
caso, patrimonio? La respuesta a ese interrogante, dice
Fajre, no puede sino provenir de una comunidad que le da
sentido identitario a cada documento, a cada objeto, a
cada pieza arqueológica, a cada uso o costumbre. Por lo
tanto, es preciso que las cuestiones de patrimonio
formen parte de la agenda y la discusión pública. Sobre
todo en América latina, subraya, a su vez, Héctor
Feliciano. Porque si bien el cuidado del patrimonio es
materia compleja y de debate permanente en todo el mundo
—el reclamo que han hecho aun a nivel diplomático países
como Grecia y Turquía a los museos europeos y
norteamericanos por la restitución de sus piezas
patrimoniales es prueba de ello—, en nuestros países la
definición sobre los alcances del patrimonio está
pendiente. "Integrar en diálogos a coleccionistas,
pueblos originarios, Estado y opinión pública —dice
Feliciano— es la única vía para llegar a esa definición.
Cada uno de ellos tiene algo que decir en este debate."
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