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Tales
preguntas cruzaron por la mente del anciano mientras se
limpiaba la sangre con que se había manchado la camisa al
agarrar el cuerpo del muchacho para llevarlo al cementerio
de sus tierras.
El lugar era
siniestro y bello al mismo tiempo, las lápidas de otros
muertos hace mucho plagaban el lugar concediéndole una
santidad inigualable. Una luz blanca y clara cruzaba por
todo el lugar, y bellas figuras, blancas, de gran porte,
parecían disfrutar entre aquel lugar.
Un gélido frío
golpeaba el espíritu de Kan, este se miro a si mismo, su
"cuerpo" estaba blanco como la más pura leche y un extraño
aroma a podredumbre le cubría. Había despertado sentado
sobre un blanco sofá de mármol, y a su lado había un
cuerpo igual de blanco que el suyo, sólo que este era sólo
huesos apenas cubierto de un poco de carne entre la que se
veían unas cuerdas que parecían imitar toscamente a unos
músculos.
Sorprendido vio
que ese ser poseía una sonriente y espantosa boca llena de
dispares dientes y unos ojos hundidos en lo más profundo
de sus cuencas.
- ¿Estoy muerto? -
Preguntó al fin después de intentar tragar saliva y
sorprenderse al ver que su boca estaba tan seca como una
piedra, de una forma totalmente antinatural.
- ¿Es necesario
que te responda o es que eres estúpido? - Espeto el saco
de huesos.
- No, veo que
estoy muerto, pero lo imaginaba de otra forma - dudo unos
instantes - quizás un lugar más feliz, o quizás un sueño
eterno.
- Jajaja!!! - Rió
irónicamente la figura - eso imbécil es para los seres
felices que mueren por causas naturales, no para los
idiotas que se rinden y toman la salida fácil.
Kan no contestó
nada a este insulto, sentía que era verdad. Hubiera
querido llorar, pero sus ojos estaban secos como el mármol
y nada salía de ellos. Finalmente un inmenso grito de
dolor surgió de su garganta, un triste llanto que resonó
como surgido de las entrañas de la tierra.
-¿Qué te indujo a
tomar esa decisión a tu tierna edad? - Preguntó después de
casi una hora de silencio el fantasma de huesos. - Ya que
nos ha tocado pasar la eternidad juntos, al menos podremos
hablar un poco.
Kan le miró
extrañado, ¿qué le importaba a él?, aunque en el fondo
necesitaba hablar con alguien.
- Fracase en mi
misión en la vida. - dijo sencillamente.
El viejo saco de
huesos rió estrepitosamente, su risa era como una cuchilla
que cortaba uno a uno los hilos del espíritu de Kan. El
joven, enloquecido, se llevó las manos a sus oídos, pero
la risa seguía estando ahí, la sentía con toda su alma.
- Imbécil, -
espeto el fantasma - ¿Habías fracasado siendo sólo un
niño? ¡Anda! ¡Di la Verdad! ¡Te rendiste como un Cobarde y
tomaste la salida fácil!
Kan sostuvo la
gélida mirada del saco de huesos con odio... al principio,
luego bajo la mirada y reconoció.
- Sí... - y
excusándose añadió - no tenía otra salida.
- ¿No tenías otra
Salida? - La horrible risa brotó de nuevo - ¡¡¡IMBÉCIL!!!
¡¡¡COBARDE!!! Siempre hay una salida! Pero no tuviste el
VALOR y la CONSTANCIA para tomarla, así que optaste por la
solución más fácil, rendirte y dejar de luchar.
Kan asintió, sabía
que era verdad.
- Pero dime, de
que te rendiste exactamente tú???
El espíritu de kan
ya se había doblegado completamente y habló como si nada
le importase... cosa que así era.
- Yo era un Joven
y Prometedor Aprendiz de Samurai - dijo recordando su
época de vivo - mi padre era el señor más poderoso del
imperio, y yo su mayor promesa y esperanza.
"" Un buen día me
concedió el mayor de los dones, me dio una maravillosa
espada Katana, una espada de aprendiz - Kan abría dado
todo lo que tenía por poder tener unos ojos vivos con los
que llorar, pero no tenía nada que dar y ni aún pudo tener
ese alivio - Ese fue el día más feliz de mi vida. Tenía
toda la vida por delante y un gran Futuro pero...
- Pero qué
muchacho - urgió el siempre cortante saco de huesos con
forma de viejo.
- ... pero mis
ilusiones fueron destruidas - Kan cerró los ojos para
continuar, quizás no pudiera llorar pero si podía dejar de
ver ese espantoso lugar - Ya mi primer día mi padre me
advirtió que mis mayores enemigos serían los Ladrones de
Sueños, los fantasmas del miedo y del fracaso...
Una cortante,
áspera y dolorosa risa corto su narración - ¡¡¡IMBECIL!!!
FUISTE ADVERTIDO Y FINALMENTE HAS ACABADO EN LOS
TERRITORIOS DE LOS FANTASMAS DEL FRACASO ¡¡¡NO VALES PARA
NADA!!! Hoy sólo eres un Fantasma del Fracaso más.
¡Como habría
deseado poder tragar saliva! O simplemente sentir miedo,
pero ya sólo el dolor era el poseedor del alma del antiguo
joven samurai. Un dolor profundo y frío como la noche, no
mucho más aún.
· continuación... |