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EL SEMBRADOR SAMURAI

parte 4

 

 

- Aquellos dos campos juntos son el tuyo y el mio. Como ves yo apenas tengo ya carne y soy puro hueso, pero mi sabiduría es grande, si tú con tu fuerza me ayudas labrando mi campo, luego yo te ayudaré enseñándote como labrar el tuyo.

Kan asintió con la cabeza pues le pareció un trato justo, además, después de todo ¿Qué más podía hacer? ¿Aburrirse eternamente?

- Unos de estos cestos contienen semillas de trigo sano y otros de cardos y espinas. Los cestos dorados y bellos contienen las semillas de trigo sano - dijo tomando un puñado - y los mugrientos cestos los de las espinas.

"" Ese campo - continuó - es tu alma, tal y como era cuando estabas vivo. Sólo que ahora ha sido limpiada, arada de nuevo. Acompáñame para que veas como trabajan los vivos los fértiles campos de sus almas.

Kan quedó sumamente impresionado por esta última afirmación y le siguió ligeramente esperanzado.

Después de caminar en silencio por un tortuoso camino donde los guijarros se clavaban en sus pies creándole un sufrimiento inmenso, llegaron a un pequeño monte desde el que podían ver a coloridos espíritus paseando y labrando sus propios campos.

Kan, desde lo lejos, podía ver a estos seres vivos y veía que a cada lado portaban un fajo dorado y otro del color de la podredumbre. La mayoría arrojaba un puñado de dorado trigo primero y luego otro de negras semillas de zarzas.

Kan quedó enormemente impresionado por esta actitud y continuó andando con el viejo, que no pronunciaba una sola palabra. Después, llegaron a otro campo que estaba medio lleno de trigo y medio lleno de espinas. El propietario vivo, parte del tiempo estaba feliz retozando entre los dorados brotes de trigo, y la otra parte, estaba sufriendo pinchándose y sangrando al caminar entre las espinas de los cardos y las zarzas.

Sorprendido vio como el viejo tomaba un puñado de semillas de zarza y lo arrojaba hacia los campos de los vivos.

Después, sin decir una sola palabra, retornaron a sus propios campos.

- Ahora mozuelo, quiero que tomes ese podrido cesto de zarzas y lo plantes por todo mi campo - ordenó el viejo, y al ver que Kan iba a protestar, remarcó su orden con una funesta mirada.

Kan tomó el pesado fardo y fue repartiendo las pegajosas semillas por el campo del anciano. ¿Por qué haría tal cosa?

Finalmente, después de dos horas de duro trabajo, Kan acabó. Parecía que estar muerto tenía sus ventajas, el cansancio no era nada comparado con ese enorme dolor de su espíritu que parecía ser toda su existencia.

- Dime anciano - preguntó al fin Kan - ¿Por qué me has mandado plantar zarzas? ¿Deseas sufrir?

- Todo lo contrario joven - contestó sorprendentemente el saco de huesos - lo que más deseo es ser feliz y triunfar.

- ¿Pero acaso las zarzas no son sufrimiento y el trigo no es la felicidad? - Dijo sorprendido Kan - ¿Y acaso por cada semilla que siembras no recoges un ciento de lo sembrado?

- Así es - contestó el anciano.

- Entonces... - dijo el joven samurai - ¿Por qué no plantas hermoso trigo y recoges felicidad? ¡No es lógico plantar zarzas y esperar recoger trigo!

El anciano parecía turbado.

- Sí, tiene lógica lo que dices joven - dijo al fin - pero dime, yo miro a todos esos seres vivos y presupongo que serán más sabios que yo... pues ellos están vivos. ¿Tú crees que ellos quieren ser felices o que quieren sufrir?

- Estoy seguro que quieren ser felices - contestó rápidamente Kan.

- Entonces... - dijo el anciano - ¿Por qué crees que plantan zarzas junto al trigo? ¿Por qué crees que utilizan un puñado de trigo y otro de zarzas? ¿Por qué crees que son algunas veces felices y otras sufren? ¿Por qué crees que no plantan siempre Trigo para ser siempre felices?

Kan meditó durante un rato con lentitud, después de todo estaba muerto y el tiempo le era indiferente.

- Porque no son tan sabios como creen - dijo al fin totalmente seguro de si mismo - porque su orgullo por hacerles creer que son mejores les hace ser - sonrió al decirlo - IMBECILES!!!

"" Si fueran inteligentes, plantarían solo trigo y serían siempre felices - después aseguró - si yo estuviera vivo, no desaprovecharía la oportunidad y sembraría siempre trigo en mi alma, para recibir siempre felicidad y ser siempre feliz.

Kan estaba a punto de prometer que siempre plantaría felicidad en su alma... cuando se dio cuenta de que ya era tarde para hacerlo porque ya había abandonado.

- Dime jovencito - Preguntó curioso el saco de huesos - si es verdad lo que me dices... ¿Por qué no plantaste ese trigo cuando estabas a tiempo? - y curioso continuó - ¿Sabes? Yo te observé durante mucho tiempo, al principio plantaste un buen puñado de trigo, un muy buen trigo que brotó y te hizo feliz. Luego vi como otros plantaban un puñado de zarzas en tu alma y como tu alma se cortaba internamente con estas zarzas.

     · continuación...

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