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lo que les arrojen
los demás les es indiferentes. Aunque también les hace
enormemente felices cuando los demás les arrojan parte de
su trigo.
"" Los hombres que
así actúan, pronto aprenden que cuando el campo entero
está dedicado al cultivo del trigo, entonces es posible
cosechar trigo, cosecharlo en un ciento por cada puñado
sembrado, y guardan para si mismos sólo una parte de cada
cien, lo suficiente para poder seguir cultivando, y
arrojan a los campos de los demás la casi totalidad de su
cosecha de felicidad sólo para ayudar a que los demás sean
tan felices como ellos.
"" Estos hombres
son enseguida reconocidos como hombres totalmente
especiales y son llamados "Samurais", amados y queridos
por millares de personas.
Kan meditó durante
unos momentos como reconocía la actuación de su propio
padre en esa descripción, como le levantaba la moral con
sus palabras, como plantaba una y otra vez el dorado trigo
de la felicidad en su alma.
- Luego hay muchos
estúpidos - dijo el anciano - que como yo siembran zarzas
podres en sus propias almas.
"" Estos ilusos
desean recoger trigo, es lo que más desean en la vida, ser
felices y alcanzar el éxito. Y son tan sumamente idiotas
que creen que plantando preocupaciones, ira, odio,
criticas, inseguridades, miedo, pensando en que pueden
fracasar, en cómo o por qué podrán fracasar o podrán
ocurrirles desgracias... son tan sumamente imbéciles que
creen que sembrando esas podres semillas de zarzas...
podrán recoger trigo alguna vez.
"" El problema
está en que la zarza crece rápida y fácilmente, el trigo
hay que cuidarlo y cultivarlo con delicadeza. Así que dado
que algo tienen que plantar, siembran lo que están seguros
de que crecerá fácilmente, su propio fracaso y
sufrimiento... y en casos extremos la enfermedad más
terrible acompañada de dolor y una muerte miserable.
"" Quizás el
problema es que nadie les ha dicho que si siguen sembrando
zarzas, acabarán por matarse de sufrimiento.
Kan reconoció que
el viejo tenía toda la razón.
- Otros, también
imbéciles - continuó el anciano saco de huesos - plantan
en sus tierras un puñado del dorado trigo de la
felicidad... y otro de podres zarzas del sufrimiento y de
la muerte.
"" Estos imbéciles
lo hacen por puro miedo, desean la felicidad y el éxito,
por lo que de vez en cuando son felices y hacen lo que
tienen que hacer, pero sus miedos a que esta no se cumpla,
el miedo a que su cosecha no de nada, les hacen
arrepentirse de sus actos, abandonar o hablar y pensar
mal, negativamente, de lo que están haciendo, frenando su
éxito y causando su fracaso y su sufrimiento.
"" Naturalmente
los que hacen esto, luego siempre suelen tender a culpar a
otros de su fracaso.
- Sólo quienes son
lo suficientemente inteligentes - Esta vez fue Kan quien
continuó - y plantan siempre el dorado trigo en su alma
con constancia, siembran amor, bondad, generosidad,
esperanza, Fe, comprensión, felicidad... sólo ellos son
los que llegan a ser realmente felices y alcanzan el éxito
total.
"" Sólo los que
son tan Valerosos como para hacer lo que no hace la
mayoría, son felices. Esto les es difícil de hacer pues
temen que sean los Imbéciles los que están en razón,
perdón, la mayoría que planta sufrimiento en su alma
cuando desean en verdad felicidad... cuando están
equivocados. ¡Pero que difícil resulta para una persona el
hacer lo que tiene que hacer! ¡Qué difícil resulta el
plantar sólo trigo! Es tan sumamente difícil que sólo hay
que meter la mano en un bolsillo en vez de en otro, es tan
sumamente difícil que sólo hay que atajar de raíz todos
los pensamientos negativos o de odio, temor o ira y
cortarlos en el mismo momento en que surgen para
reemplazarlos por un puñado más de pensamientos y
sentimientos de amor, bondad y generosidad que nos
conduzcan al éxito y la felicidad que deseamos.
- Así es muchacho
- verificó el fantasma de piel y huesos - en realidad si
los vivos supieran esto, nosotros los Fantasmas del Miedo
y del Fracaso nos quedaríamos sin trabajo, los Ogros
desaparecerían pues no son más que hombres sumamente
desangrados por sus propias zarzas, las que ellos mismos
plantaron como pensamientos de desconfianza, ira y odio
contra otros. Si los humanos vivos supiera esto y lo
aplicasen en sus vidas eliminando todos los pensamientos
negativos de sus mentes, dejando morir a las zarzas,
arrancándolas de raíz y substituyéndolas por semillas del
dorado trigo del amor, la esperanza y la generosidad...
entonces serían felices.
"" Y nosotros
también, porque no existiríamos.
Kan meditó durante
mucho tiempo estas palabras ¡Cómo habría deseado estar
vivo para poder contarlo a los cuatro vientos!
- ¿No es posible
que algún humano aprenda esto por si mismo y se lo
comunique a los demás? - Preguntó Kan
- No - dijo el
anciano - nadie que no se muera puede acceder a esta
dimensión y aprender esto que te estoy enseñando. Algunos
lo siguen por instinto, pero no pueden explicarlo con
palabras a los demás.
"" Inclusive
muchos lo han descubierto a lo largo de la humanidad,
grandes sabios que lo han proclamado a los cuatro vientos.
Pero al faltarles la exactitud de cómo explicarlo, no han
logrado todo lo que deseaban.
· continuación... |