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"" Sólo uno que
estuviese muerto y renaciera, tendría el poder de
comunicar con total claridad esto que te he enseñado. ¿Y
puede existir alguien con la capacidad de renacer de la
propia muerte?
Kan no tenía la
respuesta a esta pregunta, pero si tenía otra pregunta.
- ¿Alguna vez
alguien ha renacido? - después de dudar un momento aclaro
- No es eso lo que me importa, lo que quiero saber es si
alguna vez ha existido un período en el que las personas
siguieran estos consejos, plantaran sólo trigo, felicidad,
en sus almas y fueran todos realmente felices.
El viejo fantasma
de huesos dudo un rato antes de contestar.
- No es bueno que
un Fantasma piense en esas cosas, pero sí, en verdad ha
existido ese período que me preguntas. De hecho han sido
varios los períodos. Se han sucedido una y otra vez como
ciclos de una rueda, ha pasado... y durante miles de años,
sin embargo muchos lo consideran sólo leyendas debido a
que sienten pura envidia. Como comprenderás uno que está
agonizando en las zarzas que el mismo ha plantado no
quiere reconocer que si hubiera plantado trigo, sería
feliz. Y si no quiere reconocer eso, mucho menos querrá
reconocer que otros muchos fueron felices.
"" Sin embargo si
han existido muchas eras en las que la humanidad ha sido
totalmente feliz, eras que ya están casi en el olvido... y
otras que vendrán. De hecho, predigo que no está muy lejos
una era semejante.
Kan se sentó a
meditar sobre lo que había escuchado, era algo sumamente
importante, el propio destino, la felicidad, el sentido de
la propia vida se reflejaba en lo que había aprendido.
Casi agradeció el haber muerto para poder escuchar lo
aprendido. ¡Si sólo estuviera Vivo para poder aplicarlo!
¡Sembraría siempre dorado trigo en su alma! ¡Sólo pensaría
en Felicidad, Amor y Bondad! Y comunicaría lo aprendido a
millones de personas para difundir la nueva era de
felicidad.
- Tu campo - dijo
el saco de huesos - debes sembrarlo - añadió tendiéndole
un asqueroso cesto repleto de zarzas.
- ¿Por qué me das
ese cesto? - Pregunto Kan
- Porque eres un
Fantasma del Miedo y el Fracaso, un Fantasma de lo que
podías haber llegado ha ser... exactamente igual que yo. Y
nuestro deber es sembrar y cultivar las zarzas para sufrir
durante toda la eternidad. - y haciendo una mueca de dolor
añadió - esa es la triste realidad.
- Sólo eres un
fantasma del miedo y del fracaso que intenta arrastarme
hacia el sufrimiento - dijo Kan, a lo cual el fantasma
sonrió y afirmó con la cabeza afirmando la obviedad.
Kan rechazó el
cesto que le tendía. No cometería el mismo fallo dos
veces.
Ante la
estupefacción del fantasma, el joven tomó un dorado cesto
de trigo, el cual parecía arder entre sus manos... no,
eran sus manos las que ardían al contacto del cesto.
- Esa es una razón
más por la que no tocamos el trigo mozuelo - dijo el saco
de huesos - somos propiedad de las zarzas, el trigo nos
corroe como el ácido corroería nuestros cuerpos vivos. Si
estuvieras vivo podrías, pero una vez ya muerto... no hay
oportunidad.
- ¿Y que va ha
pasarme? - Rió el joven extrañamente jovial - ¿Acaso voy a
morirme?
Y riendo corrió
hacia su campo con ese enorme cesto de trigo que le
corroía como fuego ácido su ser.
Y con grandes
puñados esparció trigo y más trigo sobre su campo, sus
manos le dolían y le quemaban pero continuaba sembrando y
sembrando, aún cuando no sintiera ninguna diferencia. Dos
horas después, dos horas de dolor en sus manos y una
extraña felicidad, acabó, miró su campo y esté seguía
yermo.
Una sutil
desesperanza empezó a surgir en su corazón, y al mirar vio
como el anciano saco de huesos estaba arrojando un puñado
de zarzas podridas.
Su primer reacción
habría sido el arrojar otro puñado de zarzas contra el
campo del anciano para que sufriera su propia medicina...
pero cambió de idea y tomando el cesto de trigo arrojó, no
un puñado, sino kilos y kilos de trigo en el campo del
anciano, el cual no sabía que hacer pues se había quedado
paralizado.
Cuando acabó el
cesto, tomó otro e hizo lo mismo en su campo, plantando
tanto trigo que al final el campo quedó repleto de una
enorme capa de trigo que quemaba a Kan al contacto con su
piel.
El dolor era
inmenso... y al final, perdió el conocimiento, feliz de
haber reparado su error... aunque ya fuera cuando era
demasiado tarde.
Un Estruendo,
parecido a un poderoso Trueno, despertó violentamente al
Joven Kan. Lo primero que vieron sus ojos fue un techo
formado por esqueletos danzando.
Sus ojos se
adaptaron un poco más y pudo distinguir una oscura cúpula
con relieves tallados de esqueletos y calaveras. Estaba
acostado sobre una especie de altar, a su derecha una cara
familiar le despertó una sonrisa. Era el viejo saco de
huesos, sólo que totalmente vestido y un poco más... vivo!
Kan se levantó de
un salto, se miró de arriba a abajo y sí! Una oleada de
Entusiasmo le invadió.
· continuación... |