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demás de forma
deliberada, creyendo que eso nos daría la felicidad.
Estábamos equivocados pues aunque la ira y la venganza
dan, en un principio, una gran satisfacción, la del
Orgullo que te sabe a ser superior, con el tiempo cada vez
estábamos más hundidos, hasta que al final logramos que
nuestras almas se convirtieran en verdaderos Fantasmas del
Miedo y del Fracaso. A la par que nuestros cuerpos se
convertían en sacos de huesos, como de muertos que
caminaban con una falsa vida.
Kan se estremeció
ante estas palabras pues aquellos hombres habían sido todo
lo contrario al ideal de un Samurai.
- ¿Y por qué me
salvaste? - preguntó inocentemente Kan
- No creas que fue
por piedad - dijo el anciano saco de huesos - mi intención
era traerte a mi altar vivo, entonces humillarte por el
acto que ibas a realizar, hacerte sufrir hasta lo
indescriptible y luego convertirte en mi aprendiz y
sucesos pues yo ya estoy viejo y soy el último de los
míos... - su voz acalló de forma súbita.
- ¿Y por qué no lo
has hecho? - contestó el joven cauteloso - ¿Por qué en vez
de hacer eso, me has sacado del templo traído a este
descampado y me estás abriendo tu corazón?
- Bueno... - dijo
el anciano - un poco antes de que despertaras sentí un
cambio en mi interior, una felicidad... un calor... que
jamás había sentido desde mi infancia, yo... - dudó el
viejo - he cambiado - dijo al fin mirando sinceramente los
ojos del joven - y creo que te lo debo a ti.
Kan asintió con la
cabeza, recordaba perfectamente su vivencia, no sabía ni
comprendía como había sido posible... o por qué, pero le
desveló palabra por palabra toda su experiencia. Mientras
lo hacía hubo más de un momento en el que lloró, unas
veces de felicidad por estar vivo, otras de tristeza... no
sabía por qué, pero algo dentro de él le dijo que era por
aquel último puñado de zarzas que había arrojado el
anciano en su alma. Sabiendo que una vez que el
sufrimiento pasara, lo haría para siempre, en vez de
resistirse o enfadarse, dejó que las lágrimas cubrieran su
cara y se sintió maravillosamente renovado y feliz cuando
terminó.
- Ahora comprendo
- dijo el anciano - hay una gran sabiduría en lo que me
acabas de contar, una Ley de Felicidad y Éxito que siempre
he intuido y se que todo aquel que realmente la siga,
sembrando a cada hora pensamientos de felicidad y éxito en
su mente, alcanzará todo aquello bondadoso y bueno que
desee, sin excepciones, en su totalidad.
- Así es -
confirmó Kan - El gran problema de la humanidad, del
fracaso, del no conseguir algo. Reside en la falta de
responsabilidad que demuestran todas las personas para con
su alma.
"" Deberían
alimentar sus sentimientos con semillas positivas como
Amor, bondad, generosidad, seguridad y Fe.
"" De hacerlo así,
simplemente conseguirían todo lo que deseasen.
"" De hecho, toda
persona que actúa así, siempre consigue lo que desea.
- En cambio -
completó el anciano solemnemente - la irresponsabilidad
que demuestran reside en alimentar los pensamientos
negativos, en rendirse, en dejar que la inseguridad
penetre en sus almas, en dejar que esa inseguridad
fructere como miedo, ira, odio y les genere el mayor de
los sufrimientos.
"" Simplemente
habría que pedir a una persona normal que analizase sus
sentimientos de una forma sincera y abierta ¿Qué
encontrarías en ellos? Seguramente una gran abundancia de
sombras obscuras, la convivencia con un gran número de
miedos habituales, una serie de iras reprimidas, reproches
y sobre todo, faltas de Fe. Unas faltas, y unos
sentimientos que le hacen sentir mal, sentirse impotente,
fracasado, inseguro, con miedo... que le causan reacciones
de enfado e ira. Que le hacen Fracasar, enfermarse y
morir.
""¿Alguna vez has
visitado un centro méico joven Kan? - el joven negó con la
cabeza - Yo lo he hecho muchas veces, he hablado con sus
miembros y siempre he encontrado un nexo común entre todos
los enfermos. Preocupaciones, temores, miedos, odio e ira.
"" En cambio las
personas sanas siempre poseen una gran Fe, una Fe
increbrantable y tranquila, porque saben que en su camino
habrá dificultades, algunas incluso inmensas, pero no
pierden el sentido de la realidad y saben que el
sufrimiento o la mala suerte nunca durará para siempre y
que acabarán triunfando.
"" ¿Y sabes lo más
curioso?
- Que siempre
acaban triunfando - afirmó el joven con la cabeza al
reconocer en estas últimas palabras la vida de su padre y
la de los otros verdaderos Samurais.
- Anciano - dijo
Kan después de meditar unos momentos sobre lo hablado -
Quiero darte las Gracias. Porque me has enseñado lo que es
Realmente el Camino del Samurai.
"" Yo, aún con mi instrucción y el apoyo de
mi padre el General de Generales, había abandonado este
camino, momentáneamente, introduciéndome en el bosque del
miedo y la desesperación. No sé que es lo que he vivido,
tampoco me importa, lo que me queda es lo importante, este
sentimiento de que sé que yo soy el único que domina
· continuación... |