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Página 4 de 32 El Vendedor de Globos (lo que nos hace alcanzar nuestros sueños) Esta historia sucedió en alguno de los tantos pueblos chicos del interior de nuestro país, cuando todos sus habitantes se reunieron para uno de los festejos más importantes del año: la fiesta patronal. Para este tipo de eventos solía llenarse la plaza de todo tipo de vendedores ambulantes, y entre ellos se encontraba un vendedor de globos... Habían transcurrido ya varias horas, pero el globero no había vendido aún ni un solo globo, entonces se le ocurrió una muy buena idea que le serviría para llamar la atención de sus pequeños clientes: soltaría un globo y lo dejaría que vuele... Al instante los niños comenzaron a ver al danzarín globo rojo que volaba sobre sus cabezas. Cada vez más chiquilines corrían detrás de él, saltando, esforzándose por atraparlo. En ese momento al ver el globero el entusiasmo provocado decidió acrecentarlo y soltó al aire un globo violeta, y luego uno de los más bonitos: el que tenía forma de estrella, lleno de muchos colores. Y así como por arte de magia, los niños pedían, suplicaban a sus padres que les compraran un globo; el globero había comenzado a vender un globo detrás de otro, y rodeado por completo de niños que elegían colores y preguntaban precios, el globero llegó a detectar una carita triste, era la de una negrito, sucias sus ropitas, descalzo, quien con lágrimas en la cara no quitaba la mirada de su manojo de globos. Inmediatamente aquél hombre interpretó la angustia de aquél niño, se le acercó y dispuesto a regalarle un globo le preguntó: - ¿Querés un globo? - No, le respondió el niño. - Pero te lo regalo, no tenés que comprarlo... (El niño volvió a hacer un gesto de negación con su cabeza). - Contame qué te pasa que estás así - dijo el globero. - Señor, si usted suelta ese globo negro que tiene ahí, ¿subirá tan alto como los otros globos? Ahí el globero realmente comprendió su preocupación. La cuestión no era tener o no tener un globo, era ser o no ser como los demás. Entonces el globero tomó el globo negro, se lo dio al niño y le dijo: - Toma, hace la prueba. El nene soltó entonces el globo y mientras lo veía subir, saltaba, festejaba, sus ojos se habían llenado de alegría, se reía completo de felicidad. En ese momento, se le acercó el globero, comenzó a acariciarle la cabeza y le dijo al oído: - Te voy a decir un secreto chango: LO QUE HACE SUBIR PARA ARRIBA, NO ES NI EL COLOR, NI LA FORMA, SINO LO QUE TIENE ADENTRO... Un cuento de Mamerto Menapace
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